Blog de Juan Jiménez Córdoba

LA FARSA DE LO POLITICAMENTE CORRECTO

Enviado: 2012-03-26 12:35

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Desconozco quien acuñaría esta frase, “lo políticamente correcto”, pero si tuviera que apostar por su autoría lo haría por un político, porque sólo a alguien perteneciente a este gremio se le podría ocurrir semejante falsedad.
Lo políticamente correcto es algo que se han inventado los próceres de la Patria, para justificar lo injustificable cuando racionalmente no hay otro tipo de respuesta.
Acabo de recibir la noticia de los resultados de las elecciones autonómicas de Andalucía y Asturias. En la primera ha ganado el Partido Popular y en la segunda el Partido Socialista y sin embargo todos los sondeos apuntan a que en Andalucía volverán a gobernar los socialistas con el apoyo de Izquierda Unida y en Asturias FORO con el apoyo del PP o los populares con el apoyo de FORO; en cualquier caso se hurta la voluntad del pueblo. ¿No habíamos quedado en que la Democracia era la voluntad de la mayoría? Si no respetamos eso ¿cómo podemos presumir de demócratas? Claro está que quien hace la ley hace la trampa. ¿Dónde están los indignados que no se manifiestan contra estas irregularidades?
No entiendo como un partido se puede llamar Izquierda Unida cuando existe otro partido de izquierdas, el PSOE, que curiosamente reúne más votos por si solo que el resto de la izquierda; entendería que se llamaran Escisión de la Izquierda u Otra Izquierda, pero lo de unidas tan sólo se refleja y no en todos los casos, véase el ejemplo de Extremadura o en los tiempos en que Anguita (en mi opinión uno de los políticos más honrados de España por su consecuencia) lideraba ese partido, a la hora de pactar contra la derecha.
Otro tanto se podría decir de las elecciones de Asturias, donde una de las figuras del PP, antiguo secretario general de ese partido provoca una escisión del mismo para presentarse bajo las siglas de FORO dividiendo a los votantes no por una cuestión de principios sino simplemente por diferencias personales entre los líderes de ambos partidos y confundiendo a la ciudadanía.
¿Se imaginan ustedes que en la liga española de fútbol se siguieran las mismas pautas?
Permítanme que les haga un símil con lo que ocurriría si estas alianzas se llevaran a la liga de fútbol.
Echando un ojo a la clasificación, el Real Madrid a pesar de los recortes que últimamente le ha hecho el Barcelona no tendría de que preocuparse, puesto que por comunidades sumarían los del Atlético de Madrid (eso si después de negociar), los del Getafe y el Rayo Vallecano a los cuales premiarían con la cesión de jugadores. El Barça podría contar con el Español en las mismas condiciones que el Madrid con el Atleti, los de la Comunidad Valenciana, Levante Valencia y Villarreal, al igual que el Athletic Club de Bilbao con la Real Sociedad e incluso incorporarían al Osasuna. Así mismo, se unirían los andaluces con el Sevilla. Málaga, Betis y Granada. Los levantinos con el Valencia, Levante y Villarreal y por detrás como desgraciadamente coincide con la actual tabla se encontrarían, el Mallorca en tierra de nadie y el Racing de Santander, Sporting de Gijón y Zaragoza, que hagan lo que hagan lo único que les queda es el descenso .
Para que no tengan que hacer cuentas a día de hoy les confirmo que el ganador sería el Madrid con 192 escaños (traducido a puntos), seguido del Sevilla con 146, a continuación el Barcelona con 145 seguido por el Valencia con 122 y el Bilbao con 117 y en los últimos lugares de la tabla el Mallorca con 36 a los que le seguirían empatados a puntos el Racing de Santander, Sporting de Gijón y Zaragoza con 25.
¿Lo considerarían justo?
Seguro que un gran número de madrileños dirían que si porque además se corresponde con la realidad, pero al saber que el Barça había decidido apelar a los Països Catalans que incluyen a la Comunidad Valenciana, Cataluña e Islas Baleares y sumarían un total de 303 escaños, con lo cual sería el Barça sería campeón con diferencia ya no estarían tan conformes.
Conclusión: ¿Por qué si trasladamos los resultados electorales al fútbol nos sentimos engañados y permitimos la misma estafa en lo político?
La política tiene jueces y el deporte árbitros. Ambos ejercen funciones similares en sus respectivos ámbitos y a todos se les exige lo mismo, que hagan justicia.
Para hacer justicia ante todo hay que ser imparcial , caiga quien caiga y el partido de Izquierda Unida si se alinea con los tramposos de los ERES de Andalucía, con los desmanes del PSOE andaluz y con el resto de tropelías que han sido denunciadas públicamente por ese partido, como andaluz siento vergüenza y no merecen mi respeto al igual que no lo merece ni Jaume Matas por poner un ejemplo ni ninguno de los que abusando de la confianza del pueblo sean del signo que sean, hablen castellano, catalán, euskera, gallego o bable. Nacionalistas, monárquicos o republicanos pongan en entredicho el honor de los españoles.
Dejémonos de lo políticamente correcto y hablemos de lo deportivamente correcto: en cualquier deporte el vencedor es el que consigue más puntos o llega primero en la meta, sin distinción de sexo, edad, raza, religión o cualquier cortapisa que se le pueda poner.
Lo demás es trampa y a los tramposos tanto en el juego como en el resto de las actividades de nuestra vida hay que pagarles con el desprecio y exigir que la justicia los condene por su delito.
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ESPERPENTOS

Enviado: 2011-08-29 15:22

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Haciendo memoria de la gente rara que he conocido creo que el que se lleva la palma es Eugenio Cala Acosta.
Eugenio era de estatura más bien alta, aspecto desgarbado y semblante taciturno. Andaba arrastrando los pies, con los hombros inclinados hacia delante y la cabeza gacha como oteando el suelo para evitar cualquier relieve u obstáculo del terreno que le obligara a hacer el fatídico ejercicio de tener que levantar el pie para evitarlo. Si a esto unimos una total descoordinación de su braceo al andar, no es de extrañar que le llamaran “El Guiñol”, pues su porte era lo más parecido al de una marioneta.
Para colmo de males, a su extravagancia se sumaba la timidez, hasta el punto de que podías mantener una conversación con él como si se tratara de un mimo, ya que la mayoría de sus respuestas las hacía con gestos, bien moviendo la cabeza para asentir o negar elevando los hombros para indicar ignorancia sobre lo que le preguntabas, o escudriñando su mirada frunciendo el ceño para expresar agrado o desagrado.
Solía responder con monosílabos que podían considerarse simplemente como sonidos guturales.
Mantener una conversación con él se hacía tan difícil que con frecuencia su interlocutor le preguntaba si se había quedado mudo, provocando la pregunta en ese mismo instante un rubor en sus mejillas, como si le hubiera dado un golpe de sol.
Comenzaron a surgir ideas tratando de dar una explicación a su parquedad en palabras, surgiendo las versiones más peregrinas: unos decían que tenía la voz atiplada y por eso le daba vergüenza hablar, otros que si no sabía hablar nuestro idioma; alguno, más ocurrente, pensó que había sido durante años monje cartujo con voto de silencio y había olvidado hablar... la más común de las opiniones lo achacaba todo a su terrible timidez.
Dispuestos a salir de dudas se nos ocurrió que quizás, al no tener delante a su interlocutor, conseguiríamos que hablase. Nos encontrábamos en la cafetería tomando el desayuno, el camarero le advirtió con gestos que se dirigiera al locutorio porque le reclamaban al teléfono. Al llegar cerró la puerta de cristal que le mantendría aislado de ruidos, aunque no de nuestras miradas, y descolgó el teléfono.
--¿Don Eugenio Cala?
Asentimiento con la cabeza por parte de “El Guiñol”
--¿Don Eugenio Cala.- Volvió a preguntar su interlocutor.
Nuevo asentimiento de cabeza de “El Guiñol”
--Don Eugenio ¿me oye?
Nuevo asentimiento de cabeza esta vez más prolongado, como llamándole pesado.
--Don Eugenio, no se si es que no me oye o es que no puede hablar en este momento ¿quiere que le llame más tarde?
Movimiento negativo de cabeza de “El Guiñol”.
Cuelgue brusco del teléfono por parte de su interlocutor a juzgar por el gesto de Eugenio que colgó y volvió a la barra.
Cuando le preguntamos que quien le había llamado su respuesta fue:
Elevación de hombros y cejas en gesto simultáneo.
Agotada nuestra paciencia le instamos, en tono desafiante, a que nos explicara su actitud y si su silencio se debía a algún problema o era sencillamente una tomadura de pelo, porque de ser así había llevado la broma muy lejos y no estábamos dispuestos a consentirlo.
Sabido es que las reacciones de un tímido son las más inesperadas y ante el acorralamiento suelen responder con exabruptos. Totalmente ruborizado y con voz cortante pero sin elevar el tono nos respondió:
--Para decir tonterías, prefiero estar callado. Pagó su desayuno y se marchó dejándonos a todos con un palmo de narices.
Bueno, al menos sabíamos que no era mudo, sino parco en palabras. Por supuesto muy tímido y que solo hablaba de temas interesantes. ¿Existe algún tema más interesante para un hombre que el de las mujeres?
Dábamos por supuesto que, con su extrema timidez, las posibilidades de encontrar novia eran muy remotas, así que decidimos poner remedio a eso.
Primero nos granjeamos su amistad arropándole en todo momento e invitándole a participar en nuestras actividades: de tipo social, deportivas o culturales.
La verdad es que lo que se dice participar... no participaba mucho, pero al menos se mantenía como atento espectador y poco a poco conseguimos que incluso llegara a sonreír -jamás llegó a explotar en una carcajada- lo más parecido a eso fue cuando alguien contó un chiste, que a todos nos hizo desternillarnos de la risa, y él esbozó una amplia sonrisa llevando la cabeza atrás y cerrando los ojos pero sin proferir el más mínimo ruido: lo que podíamos llamar una carcajada seca o silenciosa.
Descartada la posibilidad de llevarle de "picos pardos", ante el temor de que en el "vis a vis" le entrara un ataque de pánico que acabara con nuestro progreso y la carrera de la meretriz por frustración, optamos por hacerle una campaña entre nuestras conocidas con la esperanza de que alguna de ellas se atreviera a implicarse en nuestro propósito de buscarle novia.
Lo primero fue elegir un slogan para la campaña y nos quedamos con dos finalistas:
“¡Quédatelo! No sabe decir no” y “¡Pon un tímido en tu cama e intenta quitarle el pijama!”.
Tras arduas discusiones optamos por el segundo: le daba un matiz de reto -lo cual descartaba a las tímidas y mojigatas: sería como intentar juntar dos imanes por idénticos polos- y atraería a las más desinhibidas que encajarían como un complemento perfecto.
Nuestra labor de "Celestina" no tardó en dar frutos: al poco tiempo apareció una psicóloga catalana, de buen ver, que colmó todas las expectativas de nuestro “Guiñol”,. Tal fue el cambio que experimentó que comenzamos a llamarle por su nombre, Eugenio, por "prescripción facultativa" de su reciente novia: Nuria Midad.
Ahora caminaba erguido del brazo de su pareja, vestía a la moda, se había dejado barba -porque según Nuria ello le supondría una coraza ante sus accesos de rubor que no lo delatarían ante los demás-, su semblante era de felicidad y su gesto se había tornado apacible.
El anuncio de su boda nos sorprendió a todos, de tal manera, que llegamos a sentirnos culpables por haberle abandonado en manos de una bruja, que con artes nigrománticas y psicológicas, había conseguido abducir a Eugenio hasta el punto de no dejarle tiempo para reflexionar sobre el paso que iba a dar.
Después de meditarlo mucho, decidimos expresarle nuestra preocupación por la rapidez con la que se habían desarrollado los acontecimientos, y expresarle que estas decisiones había que tomárselas con calma por su transcendencia.
Nos recibió exultante como jamás le habíamos visto. Vestido impecablemente con un traje azul marino, camisa blanca y corbata a rayas azul celeste y ros. Su barba cana le daba un aspecto honorabie. Confundidos por su exultante optimismo, no sabíamos como abordar la cuestión que nos había llevado hasta su casa. Nos escuchó atentamente y cuando quiso dar respuesta a nuestras preocupaciones no pudo evitar que el rubor aflorara a su tez al confesarnos que se casaba porque Nuria estaba embarazada.
Cuando salimos a la calle alguien dijo:
--¡Pobre criatura! No sabe lo que le espera.
--Pero, ¿es posible que ninguno se haya dado cuenta?
Gestos de sorpresa.
--Sus apellidos: Cala Midad. ¡Lo que tendrá que soportar ese niño!
Que le pongan los segundos apellidos. apunté.
--Estaríamos en la mismas: el padre se llama Cala Acosta y la madre Midad Del Pueblo. O una "calamidad" o un "parásito".
Me quedo con Acosta Del Pueblo y según nazca lo afiliamos a las juventudes de cualquier partido político, que con esos apellidos llega a Presidente. Seguro.
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VA DE MOTES, APODOS Y OTROS ALIAS

Enviado: 2011-08-19 17:49

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Siempre he tenido curiosidad por el origen de los motes, apodos, alias, sobrenombres o como queramos llamarles porque entre ellos descubres un mundo de imaginación impresionante.
En los pueblos esta costumbre está tan acendrada que a muchas familias se las identifica por el mote de alguno de sus antepasados, a pesar de que ellos no hayan heredado ninguna de las características que dieron origen al mismo e incluso en algunos casos el mote nos lleva a error.
Este es el caso de “Las Monas”: una familia con cinco hijas a cual más guapa, de donde cabría deducir que el mote les venía impuesto por su belleza. Nada más lejos de la realidad, el mote les viene de su abuela paterna, Conchita. Su aspecto era tan simiesco que la llamaban “Chita”, aunque ella jamás se dio por aludida y creía que la llamaban así por abreviar. La evolución de la especie hizo el milagro.
Otros colectivos donde se siguen manteniendo los motes es en los colegios, universidades y en la milicia.
Aquí encontramos ejemplos muy curiosos.
En primer lugar citaré a un profesor de química al que llamaban “El Antimonita”. A primera vista el mote puede parecer hasta simpático, pero si les digo que tal profesor era bizco, ya les estoy dando una pista y para aquellos de letras que no hayan estudiado química orgánica les diré que la antimonita es el nombre con el que se conoce al compuesto de trióxido de antimonio: Sb2O3. Literal y fonéticamente: “Ese ve 2 o 3”.
Recuerdo a otro profesor de Historia al que llamábamos “El Bikini”. Dicho profesor se enrollaba como las persianas: para explicar la batalla de Waterloo comenzaba a describir el aspecto físico de Napoleón, del cual más o menos teníamos la imagen de un señor bajito con un bicornio y con la mano metida en la guerrera para que no le quitaran el reloj, para luego proseguir con la figura de su esposa Josefina, de la cual relataba sus múltiples aventuras amorosas resumidas brevemente en siete palabras: “Josefina era más puta que las gallinas”. Nosotros nos preguntábamos: ¿Y esto que "coño" tiene que ver con Waterloo? En definitiva, podría ser un contertulio de cualquiera de los programas basura que tenemos en televisión, pero como profesor era un desastre de ahí su mote: “El Bikini” porque enseñaba todo… menos lo principal.
Al hijo, que siguió los pasos de su padre dedicándose a la enseñanza con las mismas carencias, le llamaban “El Topless”, porque enseñaba por encima sin ir al meollo de la cuestión.
Siguiendo con los colegios,en el CHOE (Colegio de Huerfanos de Oficiales del Ejército) conviviámos en régimen de internado los que preparábamos la oposición a las Academias Militares y como Colegio Mayor para los que estudiaban carreras Universitarias, dos grupos perfectamente definidos: "Los Virus" y "Los Chirimikis".
Era el curso 1969-1970, postrimerías del franquismo y las revueltas entre estudiantes organizadas por el SEU -Sindicato Español Universitario- y la Policía Nacional, los llamados "grises" por el color de su uniforme, eran bastante frecuentes.
El coronel director del colegio, hombre de mal genio y peor carácter, cuando tenían lugar estos enfrentamientos advertía a los universitarios que se mantuvieran al margen de tales altercados pues de lo contrario podría acarrear la expulsión del colegio en el caso de que alguno de ellos fuera detenido por la policía por su participación en los mismos. Según su criterio los universitarios que participaban en esas manifestaciones eran un auténtico virus para la sociedad a la que infectaba con sus provocaciones.
Nos hizo tanta gracia esta denominación que a partir de entonces en lugar de llamarles civiles, les llamamos "Los Virus".
Cuajó tanto el mote que los partidos de fútbol que solíamos jugar los fines de semana entre civiles y militares pasaron a llamarse de "Virus" contra "Militares", hasta que un día vimos que en el cartel donde se anunciaba el partido habían tachado la palabra "Militares" y la habían sustituido por la de "Chirimikis".
Los "Chirimikis" on unos bichitos que les salen a los virus en los cojones, dijeron.
La verdad es que no nos extrañó que estuvieran de nuestras chanzas hasta los mismísimos y, como correspondía a nuestra caballerosidad ,aceptamos el apelativo sin más.

Otra fuente de motes al margen de taras o profesiones son los apellidos.

Cela en su día se dedicó a recopilar esquelas curiosas como la de aquella señora que se llamaba Dolores Fuertes de Barriga. Ignoramos si a la tal señora la llamarían simplemente Lola, porque de haber estado en el Ejército como mínimo la llamarían “La Apendicitis”.
Atendiendo a este apartado de los apellidos recuerdo el de un Coronel del Ejército del Aire: Jorge Pequeño de Fe, conocido como “El Ateo”.
En homenaje a su hijo, compañero mío de promoción y tristemente fallecido, os referiré una anécdota de su padre.
Destinado en el Cuartel General del Ejército del Aire llama al despacho de un compañero:
--“Buenos días, despacho del Coronel Grande, dígame”
--“Buenos días ¿se puede poner el Coronel Grande?”
--“¿De parte de quién?”
--“Del Coronel Pequeño”
Silencio. Tras una pausa se oye colgar el teléfono.
El Coronel Pequeño supone que es un problema de líneas y vuelve a marcar.
--“Buenos días, despacho del Coronel Grande, dígame”
--“Por favor, quisiera hablar con el Coronel Grande”
--“¿De parte de quién?”
--“Coronel Pequeño”.
Nuevo silencio… y cuelgue de teléfono.
Nueva llamada, y esta vez con la voz alterada por el cabreo suponiendo lo que ocurría, cambia la táctica:
--“Buenos días, despacho del Coronel Grande, dígame”
--“No me cuelgue, ¿sabe usted con quién está hablando?”
--“¿Usted sabe con quién está hablando?”
El Coronel, confundido por tan inesperada contestación, responde:
--“No señor ¡ya me gustaría saberlo!”
--“Pues menos mal”
Y volvió a colgar.
Ante semejante situación no le quedó más remedio que acudir al despacho del Coronel Grande, donde le refirió a su compañero lo ocurrido en tono jocoso expresándole su curiosidad por conocer al ingenioso sujeto.
Como quiera que en el Ejército todos los mandos portan una galleta con su nombre en el uniforme, cuando el telefonista vio que se dirigían dos coroneles hacia él y pudo leer el nombre del que no era su jefe, se apresuró a excusarse:
--“Disculpe mi Coronel, creí que se trataba de una broma y por eso no le pasé la llamada”
--“De acuerdo, pero en lo sucesivo no me vuelva a colgar si no quiere que ordene que le cuelguen pero por el cuello, que es lo que me pedía el cuerpo antes de venir aquí”
Indudablemente se trataba de un soldado que no tenía su residencia en Madrid ya que de ser así estaría familiarizado con este apellido, ya que en esa época los “Almacenes Bobo y Pequeño” de la calle Atocha eran tan conocidos como “El Corte Inglés”, “Galerías Preciados” o “Simago”.

Otra circunstancia curiosa de los motes es el arraigo.

Cuando los motes están muy arraigados, como en el caso de “El Gran Wyoming”, la gente llega a olvidar su verdadero nombre: José Miguel Monzón. Estoy seguro de que muchos de ustedes lo ignoraban, o si alguien se refiriera a él por su nombre no lo identificarían. Últimamente ha perdido lo del Gran y le llaman simplemente Wyoming, y al paso que va comenzarán por llamarle Wy, y con el tiempo acabará en simplemente “Wc” que es como se designa a los retretes.
Esta característica de los motes nos lleva a situaciones curiosas como la de un amigo mío Comandante de Iberia: “El Yogui”. El mote parecía proceder de su aspecto físico, sumamente delgado, calvo y con una poblada barba blanca, que nos recuerda a un indio practicante del yoga, cuando en realidad su alias procede de su asombrosa capacidad para imitar todo tipo de sonidos y voces, entre ellas las del oso Yogui, auténtico origen de su apodo. Tan acendrado está su sobrenombre que cuando las azafatas se dirigían al pasaje en su mensaje de bienvenida, al no recordar su nombre y tras una corta pausa, lo hacían de este modo:
“Buenos días señores pasajeros, bienvenidos a bordo; en nombre del Comandante…”Yogui” y de toda su tripulación….”.
Francisco Javier Fuentes, así se llama “El Yogui”, lo tenía asumido perfectamente: no atiende por Javier y si le preguntáramos a muchos de sus amigos por su verdadero nombre no sabrían responder.

Mi buen amigo Elías Moro en tiempos de Aviaco hacía el trayecto entre Málaga y Melilla. Era anunciado por la sobrecargo en los siguientes términos:
“Buenas tardes señores pasajeros, en nombre del Comandante Moro y su tripulación les damos la bienvenida a este vuelo de la compañía Aviaco con destino a Melilla”
El anuncio no dejaba de despertar cierta expectación entre el paisaje, que no entendía por qué se referían al Comandante por su origen y no por su nombre. Algunos creian que era una política de imagen de la compañía al incluir a pilotos marroquís en la operación dado que parte del pasaje eran de esa nacionalidad.
En alguno ocasión algún pasajero llegó a solicitar la carta de reclamaciones por considerar ignominioso el término "moro". Había que recurrir al Comandante para deshacer el equívoco, el cual con su sola presencia: rubio, ojos azules y acento asturiano, mostraba claramente su procedencia y aclaraba inmediatamente el malentendido.

Había un Coronel de Aviación, del cual no recuerdo el nombre, conocido como “El Lechecitas”. Desconozco si por su buena o mala leche.
Habían contraído matrimonio discretamente y tras la luna de miel los amigos decidieron hacerles una fiesta.
El anfitrión dijo: “Recibamos con un aplauso a nuestros homenajeados: “El Lechecitas” y su esposa Blanca… "Lechecitas”.
Ante el jolgorio la mujer se quedó tan estupefacta con la presentación que no estaba segura de si a continuación iban a colmarla de besos y abrazos o iban a embotellarla.

Por último contaré la historia de “El Gayo”.
Teníamos un compañero en Aviación procedente de uno de esos pueblos de la España profunda. Su aspecto físico, indumentaria, comportamiento y acento no dejaban duda de que te encontrabas ante lo que se llama un auténtico paleto; no es de extrañar que se le conociera como “El Cateto”.
Como ya he dicho soy un estudioso de los motes y me pareció que se habían quedado cortos y lo rebauticé como “El Hipotenusa”: la suma de los cuadrados de los catetos.
“El Hipotenusa” estaba encantado con su nuevo mote que le daba cierto toque intelectual.
Por aquel entonces en el Ejército del Aire vestíamos un mono naranja y ver a “El Hipotenusa” con el traje de vuelo, sus orejas de soplillo a modo de asas, y la cresta negra de su cabeza... te recordaban irremediablemente a una bombona de butano.
Con el tiempo fue mejorando su imagen. Llego, incluso, a utilizar la cirugía estética para plegar sus orejas. No tocó su nariz, prominente y aguileña, de la cual se sentía especialmente orgulloso.
Cuando abandonamos el Ejército, mientras hacíamos el curso para incorporarnos a las Líneas Aéreas, vino un día un tanto compungido:
“Quillo, estoy pensando que cuando empecemos a volar con azafatas, me van a preguntar que por qué me llaman "El Hipotenusa", y como me da corte decirles la verdad, se me ha ocurrido contestar que es porque era hipotenso, así que corre la voz para que nadie meta la pata”.
“Hombre –le respondí- como salida no está mal pero va ser peor el remedio que la enfermedad ya que no creo que les inspire mucha confianza volar con un piloto hipotenso expuesto a que le de un desmayo en cualquier momento, así que ya buscaremos otra solución”.
Recordándole con el mono naranja y ahora vestido de azul, me vino a la memoria, el nombre de un ave que en su día me llamó la atención, con el plumaje de estos mismos colores, y que además le venía al pelo puesto que su nombre en latín es Garrulus glandarius, conocida vulgarmente como Arrendajo o Gayo.
Así pues escogí el nombre de “El Gayo” por parecerme que fonéticamente sonaba como “Gallo”, daba más empaque a su persona y, por otra parte, despertaría mayor curiosidad entre las chicas.
Cuando le hice la propuesta del cambio de mote explicándole mis razones, tras descartar su verdadero nombre que era Eufemiano, que sonaba a feo, aceptó de buen grado el nuevo apodo. A partir de aquel momento fue conocido como “El Gayo”.
Un día nos invitó a visitar su aldea, donde llegamos en su lujoso coche para impresionar a sus paisanos, al entrar en el bar uno de los parroquianos al oir que nos referíamos a él como “El Gayo” vino hacia nosotros:
--“¿Tú no eres “El Eufe”?
--Si, le respondió el aludido.
--“¿A que viene tanto “Gayo” pa aquí y pa allá?
--“Ahora me llaman así”
--“Pues no se por qué. Con tanto perifollo de maricón más bien pareces una gallina”
--“¿Maricón yo? Tráeme a tu hermana y te lo demuestro”.
--“A ver si es verdad: ¡Adefesio, ven pa cá que quieren conocerte!”

No había la menor duda del por qué de su nombre, era lo más horroroso que alguien pueda imaginarse: el antídoto de la lujuria.

--“¿No tienes otra hermana?”.
--“No señor”.

“El Gayo” emprendió una discreta retirada

--“¿Ves como eres un maricón?”.
Después de aquel incidente decidimos retirarle la “ o”, que caracteriza a las terminaciones masculinas, por lo que “El Gayo” pasó a ser “El Gay”.

Días después al preguntarle como llevaba su nueva sexualidad respondió:
--“Sin lugar a dudas supone dar un paso atrás. Mejor dicho: 58 pasos atrás”
--“¿58?”
--Un simple problema matemático: antes practicaba al 69 y ahora el 11”
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EL “AQUALIMPIA”

Enviado: 2011-07-31 22:41

A mediados de los años 50, recuerdo que en las ferias de los pueblos, e incluso en las calles de Madrid, se montaban unos tenderetes con figuras de escayola bellamente decoradas junto a las cuales se ponía un cartel con el precio.
Para hacernos una idea: se exponía un caballo al precio de 100 pesetas, una bailarina por 80, un toro por 50... y así cuantas figuras podamos imaginar de distinto precio y tamaño.

http://jimenezcordoba.com/upload/10-figuras-de-escayola-pintada-a-mano_big.jpg

La gente se acercaba a verlas y, cuando el charlatán se percataba de que tenía suficiente número de curiosos, comenzaba con su discurso:
-- “Buenas tardes señoras y señores, bienvenidos a esta maravillosa exposición donde, como pueden observar, se trata de auténticas obras de arte procedentes de una subasta. Piezas únicas, con las que podrán decorar su hogar dándole un toque de distinción ya que todas ellas son obras de conocidos artistas. Así mismo, es el regalo ideal para una boda, una comunión un bautizo o un cumpleaños que les harán quedar maravillosamente entre familiares y amigos. Los precios pueden estar más allá de sus posibilidades económicas y, como no quiero que ese sea un obstáculo para su adquisición y como muestra de buena voluntad, al primero que levante la mano le dejaré elegir la figura que quiera a mitad de precio.”
Automáticamente se alzaban varias manos con la consiguiente bronca por averiguar quien había sido el primero en levantarla, hasta que el público, erigiéndose en jurado, decidía quien había sido el afortunado que, normalmente, escogía la más cara que solía corresponderse con la de mayor tamaño sin importar para nada la estética.
Acto seguido el charlatán, aprovechándose de la coyuntura bien calculada, anunciaba una nueva oferta.
-- “Como ya les he dicho éstas son piezas únicas y no puedo satisfacer más que una petición pero, puesto que no quiero que nadie se sienta defraudado, les ofrezco ahora no sólo una figura ¡sino dos! ¡A mitad de precio!”
Nuevamente volvían a alzarse las manos, se repetía el numerito hasta que el agraciado salía de allí más que satisfecho con sus figuras envueltas en papel de estraza.
Y así se iba repitiendo la operación hasta que se iba quedando sin existencias. Entonces anunciaba “el ofertón”.
-- “Señoras y señores es tiempo de irse y, como no quiero que después de haberme dedicado su tiempo se vayan con las manos vacías, les hago mi última oferta: sumando el precio de las obras de arte que me quedan el precio total ascendería a unas mil pesetas. Pero yo no les voy a pedir ni mil, ni quinientas, ni trescientas... por doscientas pesetas les ofrezco el lote completo”
Y aquí llegaba el maremágnum. Si los otros habían comprado a mitad de precio, la posibilidad de comprar a una quinta parte de su valor era un “chollo”. Y los “chollos” había que aprovecharlos. De esta manera el charlatán vendía toda su mercancía, los incautos se iban satisfechos a sus casas entusiasmados con su compra, porque no hay nada que sepa mejor que la fruta robada en el árbol y la sensación de haber engañado al vendedor.
Confieso que yo no caí en la trampa porque era un niño y no tenía un miserable duro, pero era tal la convicción que ponía el charlatán en sus palabras que miraba con envidia a los que se retiraban tan felices con su trofeo, pensando en lo contenta que se habría puesto mi madre al recibir semejantes regalos.
Esto ocurría, como he dicho a mediados de los años 50, pero hete aquí que cuando ya creíamos que la época de los charlatanes estaba superada aparece un tal Ramiro en la emisora “Onda Cero” vendiendo todo tipo de productos: desde cremas para adelgazar hasta detectores de radar, pasando por mariposas de musculación y, próximamente, algún crecepelo. Estoy convencido que Ramiro es descendiente del charlatán de las figuritas porque, lo curioso de su oferta, es que te marca el precio para a continuación advertirte de que los 50 primeros que llamen a un determinado teléfono, tendrán una reducción del 50%. Esto lo hace todos los días.
Y yo me pregunto: ¿habrá gente tan ingenua que lo crea?
Si a mi me dicen:”Lo siento, pero es usted el número 51"... les digo que me apunten el primero de la lista para el día siguiente.
Pero, después de ver como Rubalcaba tras siete años con Zapatero en el gobierno y 5 millones de parados, te dice que tiene la solución para el paro y hay gente que se lo cree... es que, definitivamente, hay personas que están convencida de que éste es un país de gilipollas. Para el que lo dude, como colofón, paso a relataros el caso que a dado nombre a mi artículo: “El Aqualimpia”.
El anuncio, oído en la misma emisora que mencioné anteriormente, se promociona como: “Aqualimpia de Mercedes”

Ignoro si lo de Mercedes es por darle una mayor relevancia al producto, creando confusión con la marca automovilística de prestigio, o Mercedes es el nombre de la anunciante. En cualquier caso expongo el tema: “Aqualimpia” es una vaporeta que simplemente con un litro de agua les deja la casa como una patena: Limpia, desinfecta, plancha, lava... yo diría que hasta cura la impotencia por el gusto que da trabajar con esa máquina. Sólo les falta añadir en su propaganda: ”Señora, si su marido no consigue dejarla embarazada, no se preocupe: Aqualimpia lo hará”.
Hacen una demostración en tu domicilio, sin compromiso de compra, la cual voy a solicitar al día siguiente de celebrar una fiesta para ahorrarme el gasto de asistenta.

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Pero no queda ahí la cosa: además te regalan una vajilla, una batería de cocina y no se cuantas cosas más... encima te proporcionana un viaje para dos personas con estancia en hotel para un fin de semana. Por si fuera poco, si tu pedido se encuentra entre los 50 primeros, te regalan no uno: ¡dos fines de semana para una pareja, con todos los gastos pagados!
No indican el precio jamás. El mero hecho de que te permitan la financiación a "tropecientos mil" meses, te da idea de cual debe ser y haciendo el calculo del valor de los regalos más el importe de la publicidad, más el beneficio de la venta... estimo que el resultado debe ser similar al de una hipoteca.
Para colmo, después de una somera investigación entre los incautos que cayeron en la trampa, resulta que es una máquina pesadísima, de difícil manejo, que no cumple con la mayoría de las espectativas que pregonan, con una dificultades para acoplar los accesorios hasta el punto de que cuando has conseguido instalarlos... no te quedan fuerzas para iniciar la limpieza.
¡Ahora entiendo a Diógenes!
Es una vergüenza que se permita publicidad engañosa como ésta y otras tantas que podemos ver en prensa y televisión sin que se actúe contra el fraude: desde los concursos nocturnos de las emisoras de televisión, que tanto daño hacen en la economía de los más débiles, que por desgracia suelen ser los más incautos.
En aras de la moral se inició una campaña para acabar con los anuncios de prostitución: ¿Es acaso menos inmoral la propaganda fraudulenta?
Les presto la cuestión a “los Indignados” para que incluyan esta reivindicación en sus peticiones.
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